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HERENCIA COLONIAL Y DICTADURAS: HAITÍ


Escribe: David Gutiérrez Olivares


A un año de la caída del Presidente de Haití, Bertrand Arístide, poco o nada se ha avanzado para establecer programas de desarrollo social, que la comunidad internacional se comprometió en realizar en esta sufrida republica caribeña.
Mientras una fuerza de paz militar de la ONU trata de mantener el orden interno, la mesa de donantes apenas a desembolsado el 10% de los US$ 1,300 millones de dólares que se comprometió en julio del año pasado, para aplicarlos en proyectos de salubridad, energía eléctrica e infraestructura vial. Puerto Príncipe, la principal ciudad del país, tiene energía eléctrica 12 horas al día, el 90% de la población no cuenta con servicios de agua y desagüe, y las vías de comunicación fueron destrozadas por el ultimo huracán que azoto el área.
El segundo país que con siguió liberarse del colonialismo europeo en el continente, después de los Estados Unidos, y la primera republica formada por esclavos negros en 1804, no ha logrado superar la herencia colonial, y ha caído bajo las sucesivas dictaduras que han expoliado los recursos del país, y relegado a Haití a ser el país más pobre del mundo.
Luego de independizarse, Francia exigió a Haití, una recompensa por la perdida de su mas prospera colonia en América y principal productora de azúcar en el siglo XVIII. Posteriormente en el siglo XX tras una invasión de los marines norteamericanos, que permanecieron por mas de 20 años, dejaron al país en manos de los sucesivos dictadores que la trágica historia haitiana no ha podido sacudirse.
Bertrand Arístide, fue el primer presidente elegido democráticamente en 1990, pero a su vez fue derrocado y repuesto sucesivamente, sin llegar a concretar un periodo completo. En marzo del 2004, abandono el país, en un confuso incidente, donde la definición de salida "voluntaria", no coincide con el sentirse "obligado" a abandonar la presidencia. Arístide reclama a Francia mas de US $20,000 millones de dólares de "compensación" por la explotación del trabajo esclavo en los ingenios azucareros durante el periodo colonial.
Sin instituciones democráticas y con una economía colapsada, el futuro del pueblo haitiano es incierto.
Sembrar un árbol o miles de ellos, en su deforestado suelo, es también hacer germinar practicas democráticas en la conciencia de una nación, que ha carecido de oportunidades económicas y de un clima de paz y libertades civiles.
Clarke Arthur, del grupo de apoyo a Haití, ha declarado a la BBC, que "... el problema de Haití es que la mayoría de haitianos no tienen nada, ni siquiera potencial para mejorar, mientras los políticos y la comunidad internacional, no enfrente esto, los problemas de Haití, se repetirán una y otra vez".
La necesidad de la intervención de la comunidad internacional, es una certeza, pero más aun es una "responsabilidad histórica" de los ex - imperios que generaron riqueza en base de la explotación de los recursos naturales y humanos de sus colonias.
Francia y Estados Unidos tienen esa responsabilidad, por haber estado involucrados en el proceso económico y político de esa nación. 
El uso y destino de la cooperación económica internacional a través de la mesa de donantes, debe ser ejecutada y supervisada por los organismos multilaterales para garantizar su trasparencia, y la ONU y OEA, deberán establecer bases sólidas de participación social en instituciones democráticas. Institucionalizar la democracia en la conciencia del pueblo haitiano, es potencializar al ser humano para su desarrollo económico. Ambas líneas de acción deben ir paralelas y juntas para devolver el futuro a los haitianos. 
03-25-05 
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